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Escritos.

Comentarios de Vida


Escritos

Queridos lectores, lo que voy a dar a conocer hoy, es un escrito de algún gran escritor, que desgraciadamente no conozco su nombre, en donde mi madre allá por los años cincuenta, lo tenia pegado en un álbum con los escritos de esa época y fotos que aún conservo. Tengo que decir, que estas líneas escritas por vaya a saber quién y de que época al leerlos de nuevo, y como ya estoy en el ocaso de mi vida, quiero transcribir aquí, pues tiene pensamientos, muy similares a los míos, en varios pasajes del mismo.

Son de esas cosas que guardas de tus seres queridos y quedan perdidas entre otros recuerdos de tu vida pasada, y después como en todas las familias sucede, revolviendo cosas viejas, cosas que nunca les diste importancia, y vaya a saber porque las guardaste aparecen de nuevo y prestas atención y te das cuenta que hubieras querido conocer a quien escribió tales pensamientos. Y los he encontrado justo en esta época de mi vida, que la empiezo a mirar con ojos cansados, por los años, y por eso es que para darle un título a este escrito, me pareció lo más acertado decir que es un comentario de la vida.

“No quiero, ni me siento mejor, otros dirán que estoy demasiado viejo, y que ya es tiempo de una retirada honrosa, cierto es que envejezco, pero aun no tengo apagada la sonrisa para la vida. Para reconfortarme, leí la vida de Giuseppe Verdi, buscando un gran ejemplo, para la moraleja de la fábula de los pequeños. Verdi a los cincuenta años escribió " Aida " a los setenta " Otelo" Y a los ochenta " Falstaff " tres obras maestras de este genio.

¿Porque razón acá abajo no podemos imitarlo? el genio no explica la inmortalidad y podemos por ello sin faltar a la modestia, seguirle las huellas. Además dicen los biólogos que solo, los seres rudimentarios y los seres unicelulares son inmortales. La propia longevidad, es atributo de las hicoteas (especie de tortuga americana de agua dulce) y de los papagayos. En cuanto a mí, me siento en la piel de los dos entes de la creación.

Soy lento y lerdo, como la hicotea camino poco y lentamente. No hablo mucho, pero escribo, como escribiría un papagayo, incesantemente. Ronco y gangoso y sin prisa en llegar, voy andando mi camino, así envejezco. No comprendo el progreso, siento que todos pasan sin mí, y ni siquiera me doy por recordado, en el tumulto de las relaciones modernas, de vez en cuando traigo al concierto jovial de los hombres nuevos, mi deseo anticuado y ridículo. Siento todo esto pero sin intimo pesar, porque las voces viejas también distraen. Son voces que llegan de planetas distantes, con el reloj del sol, atrasadas y tardías.

La hora de partir, sin embargo debe estar cercana, pero no me aterroriza. Dejo las infinitas futilidades de mi espíritu y prometo con toda formalidad, no volver otra vez. La inutilidad es un placer, como cualquier otro y me siento dentro y al margen de la vida, como aquel inglés, que lanzaba el anzuelo en las aguas tranquilas de un lago. -" aquí no hay ningún pez le dijeron - contesto -" no quiero pez alguno , lo que quiero es pescar" - he aquí la finalidad, como se dice ahora.... "...

Como ustedes podrán ver, esto lo dijo un escritor entrado en años (ojala supiera su nombre) por eso hago míos estos pensamientos que llenan mi espíritu, dice el " ni siquiera me doy por recordado en el concierto de las relaciones modernas " Por eso hago míos sus pensamientos, pero como él nos dice queda mucho camino por recorrer y escucho su grito " queda mucho por hacer ". `Por eso, solo sé que tengo aun camino por delante y lo seguiré recorriendo con una sonrisa en los labios y un verso en el corazón.

Olegario Juan Caorsi


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